En noviembre pasado, al inaugurar la Campaña 2010 contra la Explotación
Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes, el ombudsman capitalino, Luis González
Placencia, sostuvo que a 20 años de haber firmado la Convención sobre los
Derechos del Niño (CDN), y a 12 años de ratificarla, el Estado mexicano tiene
pendientes muy importantes, como la notable desatención a quienes son víctimas
de explotación sexual comercial infantil (ESCI) y trata de personas. Llamó la
atención de que, no obstante los avances del marco jurídico, todavía hay números
tan elevados de niñas, niños y adolescentes víctimas de este delito.
Refirió que en el informe especial presentado por la CDHDFen 2007 sobre ESCI en el Distrito
Federal reveló que las zonas con mayor incidencia de este delito están en el centro de
la ciudad: La Alameda, el Metro Hidalgo, la avenida Circunvalación, el callejón de San
Pablo, así como otras zonas de la delegación Cuauhtémoc.
A su vez, la presidenta de Infancia Común, A. C., Raquel Pastor, lamentó que luego
de que los(as) niños(as) víctimas de violencia o de explotación sexual son atendidos en las
clínicas de salud públicas especializadas, regresan a lo mismo. Planteó la urgencia de diseñar
un mecanismo para que en cuanto un niño o niña llegue a una instancia del Estado,
se cree una verdadera red de protección para ellos.
Invitó a la gente a revisar los pendientes de las autoridades para enfrentar el problema
pues, a pesar de que se han firmado compromisos internacionales y se han adecuado las
leyes en nuestro país, no se termina de crear instancias para la procuración de justicia específica
para trata de personas o ESCI. Recordó y lamentó que no se tengan niños o niñas
atendidas, que no haya personas procesadas o condenadas y que lo que hace falta es ir a
donde están las víctimas.
Expresó también que el fenómeno de explotación es
profundamente deshumanizante por el hecho de hacer
objeto a personas en desarrollo, y resaltó lo fundamental
de la prevención: “porque una vez que los niños y
las niñas están en condiciones de explotación sexual
comercial, el dolor que sufren es tan profundo que los
niveles de violencia que experimentan resultan en un
daño casi irreversible”.
Por su parte, la directora de Infancia Común, Mayra
Rojas Rosas, coincidió en que para que los niños y
niñas disfruten y ejerzan sus derechos, se requiere de
un sistema de protección integral con la participación
del Estado y organizaciones de la sociedad civil (OSC),
para diseñar, planificar, coordinar, orientar, ejecutar y
supervisar las políticas públicas para la prevención, asistencia,
protección o resguardo de niñas y niños.
El daño físico y psicológico en las víctimas de ESCI
La coordinadora de la Clínica de Abuso Sexual del Instituto
Nacional de Pediatría (IPN), Selene Sam Soto, se
refirió al daño físico a víctimas de explotación sexual,
y dijo que cada vez se encuentran más enfermedades
de transmisión sexual en niñas y adolescentes, como el
VIH/sida y la presencia del virus del papiloma humano
a edades tempranas.
Añadió que en 2009 se registraron dos embarazos en
niñas de nueve años de edad, además de que han reaparecido
enfermedades como la sífilis y la gonorrea.
Por su parte, la investigadora del Instituto Nacional
de Pediatría, Corina García Piña, expresó que la ESCI es
una violación extrema a los derechos de los niños, niñas
y adolescentes y es una forma contemporánea de esclavitud
porque no tienen libertad, no tienen una familia,
no reciben educación ni tienen el derecho a la salud.
Consideró que una manera de prevenir es que los
niños y niñas conozcan y entiendan sus derechos, trabajando
desde la familia, porque es frecuente que los(as)
niños(as) víctimas de ESCI tengan antecedentes de violencia
física y sexual en la familia. Habló de las consecuencias
psicológicas de las víctimas de ESCI y dijo que
algunas de las manifestaciones emocionales son estrés
postraumático, depresión e intento suicida. En la escuela,
abundó, es común que las niñas víctimas de abuso
sexual empiecen a aislarse, y los niños se muestran agresivos
con sus compañeros. Explicó que se observan cambios
de conducta en las víctimas: éstos tienen pesadillas,
terrores nocturnos e, incluso, no controlan esfínteres.
Finalmente, señaló que es muy difícil reintegrar a
estas niñas, niños y adolescentes a la sociedad porque
durante los primeros años de vida se desarrolla su cerebro
y hay una memoria en el sistema límbico, donde
se evoluciona la inteligencia emocional, por lo que los
daños en el sistema nervioso central son irreversibles.