La Red por los Derechos de la Infancia en México presentó en noviembre pasado
el reporte La infancia cuenta en México 2009. Las niñas en el marco del 20
aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño. El informe dedica
su ensayo a las niñas en México, mismas que sufren una doble discriminación:
la que comparten con sus pares varones, por la creencia de que la infancia no
puede hacer aportes para impactar positivamente su entorno; y la que sufren por
cuestiones de género.
En 2009, viven en México 18 millones 372 mil 372 niños y 17 millones 941 mil 677
niñas. Las entidades donde existen más niñas son Chiapas, Guerrero y Aguascalientes,
mientras que las que menos el Distrito Federal, Colima y Morelos.
En este reporte, 19 indicadores están desagregados por sexo, puesto que a pesar de
los compromisos internacionales que México tiene, que solicitan al Estado mexicano la
recolección sistemática de datos, no existe o no se hace accesible la información acerca
de las niñas, y mucho menos de grupos de niñas que sufren condiciones como la trata y
otras formas de explotación.
Esta discriminación dirigida a las niñas comienza a ser evidente desde los primeros
momentos de sus vidas. A pesar de que el porcentaje de niñas y niños con registro de
nacimiento ha aumentado de 2003 a 2007 pasando de 73.5 a 76.8%, esta llave para el
ejercicio de los derechos no ha mostrado suficiente progreso, además de que existe una diferencia significativa por sexo en el país que es consistente
en todas las entidades: si hablamos de niños el
registro asciende a 78.1%; mientras que para las niñas
disminuye 75.5 por ciento.
También en el ámbito de la salud las niñas tienen
menor cobertura de vacunación. En todas las vacunas
administradas, incluso en las dosis completas e incompletas,
los niños superan a las niñas. De igual manera,
es importante destacar que mientras que los casos de
vih/sida en personas menores de 14 años representan
1.5% en los varones, mientras que en las mujeres corresponde
6.2 por ciento.
En lo que refiere a la educación, las niñas tienen una
mayor tasa de matriculación desde preescolar, tendencia
que se pierde en el nivel medio. Desde los 14 a los 17
años, dependiendo de la entidad, la cantidad de niños
en las escuelas supera a la de las niñas. Además, la proporción
de población sin instrucción es mayor para las
mujeres que para los hombres, sin importar el tipo de
localidad.
La crisis económica actual puede tener también un
impacto especialmente negativo en la educación de las
niñas, si las familias sin medios para educar a todos sus
hijos e hijas consideran más importante enviar a los niños
a la escuela.
Aunque en general los niños participan más que las
niñas en las actividades económicas para colaborar en
sostener a sus familias, las niñas suelen estar en posiciones
más privadas y por lo tanto ser más vulnerables
a los abusos. Una de estas situaciones es el trabajo doméstico.
De 2007 a 2008 el número de niñas que trabaja
en este rubro ha aumentado, y es mucho mayor
que el de los niños: 2.6% de los varones, contra 13.2%
de las mujeres, en algunos lugares incluso cercanos a
20% como en Zacatecas (19.7%) o que superan esta
cifra tal como en Chiapas (26.3%).
En la seguridad humana, las niñas tienen menores
tasas de mortalidad por homicidios y suicidios. Sin embargo,
no existen estadísticas que permitan conocer la
magnitud del maltrato y la violencia hacia niñas y niños
en el ámbito familiar, aunque de acuerdo con distintas
fuentes como la Encuesta Nacional de Violencia contra
las Mujeres 2003, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica
de las Relaciones en los Hogares 2006, y la primera
Encuesta Nacional de Exclusión, Intolerancia y Violencia
en Escuelas Públicas de Educación Media Superior,
las niñas sufren violencia en distintos ámbitos, como
pueden ser la escuela y la comunidad.
Por último, La infancia cuenta en México recuerda la
tarea pendiente en lo que toca a la existencia de leyes
para la protección de los derechos de la infancia. Chihuahua,
Guanajuato y Querétaro son las tres entidades
del país que aún no han creado estas leyes. El promedio
nacional de estas legislaciones en el país es de 3.2 sobre
diez, y si consideramos que la ley con mejor calificación
(del estado de Yucatán) obtuvo 5.6, también se ha de
llamar la atención del resto de las legislaturas para introducir
reformas que impacten la vida de niñas, niños
y sus derechos positivamente.
Las niñas en la economía
La Organización Internacional de Trabajo dedicó en
2009 el Día contra la explotación del trabajo infantil a
las niñas pues estima en unos 100 millones el número
de niñas afectadas por el trabajo infantil en todo el mundo.
Muchas de ellas tienen difícil o ningún acceso a la
educación y muchas trabajan en condiciones que ponen
en grave peligro su salud y su seguridad. Estas niñas representan
aproximadamente 46% de todos los niños que
trabajan.
Se calcula que 53 millones de niñas realizaban trabajos
peligrosos, identificados como una de las peores formas
de trabajo infantil. De esas niñas, 20 millones son
menores de 12 años. La organización también señala
que hay muy pocos países o comunidades que ofrecen
a las niñas exactamente las mismas oportunidades que
a los niños. Los resultados de estas desigualdades son
evidentes en las estadísticas mundiales sobre el analfabetismo.
De 16% de la población mundial analfabeta,
dos de cada tres personas son mujeres. Mucho del trabajo
que realizan las niñas es menos visible que el de los
niños. Ejemplos típicos de ello son el trabajo doméstico,
el trabajo agrícola en pequeña escala, y el trabajo
en pequeños talleres familiares. Algunas de las peores
formas de trabajo infantil pueden conllevar que se esconda
deliberadamente a las niñas del mundo exterior.
El término doble carga se usa para describir el peso de
trabajo de quien no sólo desempeña una actividad económica,
sino que es responsable de una tarea doméstica
no remunerada en su propio hogar.
Las niñas suelen dedicar significativamente más
tiempo a las tareas y cuidados domésticos que los niños.
En todo el mundo hay niños que trabajan en hogares
distintos del propio, desempeñando tareas de limpieza,
planchado, cocina, cuidado de otros niños y jardinería.
La inmensa mayoría de niños trabajadores domésticos
son niñas.
El trabajo infantil doméstico puede ser peligroso, debido
a las condiciones del trabajo y a las tareas exigidas.
Muchas niñas tienen que trabajar largas jornadas, a veces
hasta 15 horas diarias, y estar siempre disponibles. La
enorme carga de trabajo y la falta de descanso pueden
causarles serios problemas, y muchas de ellas sufren de
estrés y fatiga debido a la falta de sueño. Como el trabajo
se lleva a cabo en domicilios privados, las niñas se
encuentran bajo el control absoluto del empleador. Hay
relatos frecuentes de niñas sometidas a palizas y malos
tratos, así como a abusos verbales o sexuales.
Existe la profunda inquietud de que la actual crisis
económica y financiera mundial tenga un impacto significativamente
negativo en la educación y en el trabajo
infantil. Hay evidencias de un notable incremento del
desempleo y de la pobreza como resultantes de la crisis.
En aquellas culturas en que se atribuye más valor a la
educación de los niños que a la de las niñas, en las que
una familia pobre tiene que elegir entre educar a un
hijo o a una hija, la niña saldrá perdiendo.
Las remesas son una fuente clave de ingresos para
las familias rurales, y pueden constituir un amortiguador
financiero. Se anuncia una reducción en las remesas
(tanto nacionales como internacionales), que tendría
un efecto desestabilizador nefasto en las regiones más
pobres.
Es posible que los gobiernos tengan que recurrir a
recortes presupuestarios. Algunos consideran que la
educación es un presupuesto que se puede reducir fácilmente.
Los recortes en los gastos de educación pueden
crear presión para que los niños abandonen la escuela y
se incorporen a la fuerza laboral.
Según el informe, es indispensable que la respuesta
a la crisis incluya medidas de reordenamiento de prioridades
en el gasto público, de modo que se favorezca a
las familias pobres y vulnerables. Según el Módulo de
Trabajo Infantil (mti) de la Encuesta Nacional de Ocupación
y Empleo 2007, hay 3 millones 647 mil 67 trabajadores
entre 5 y 17 años, esto se traduce a que 12.5%
de la población infantil de 5 a 17 años está trabajando;
69% de los niños y las niñas tiene 14 años cumplidos y
el restante 31% tiene entre 5 y 13 años de edad.
Del total de población infantil trabajadora, 67% son
niños y 33% niñas. Esta proporción varía en el ámbito
urbano, en donde el porcentaje de niñas se eleva a 39%,
mientras que en las zonas rurales la proporción es de 30
por ciento.
En ambos, la incidencia del trabajo infantil de los niños
de 5 a 13 años es superior a la de las niñas. Aunque
mientras que en el campo trabajan 10.4% de los niños
y 4.5% de las niñas; en las ciudades, la proporción de
varones es de 3.4% y la de las niñas de 2.7 por ciento.
Alrededor de la mitad de los niños y las niñas que
trabajan en el país viven en el Estado de México, Jalisco,
Puebla, Michoacán, Veracruz, Guerrero, Chiapas
y Guanajuato; 32.2% de las niñas refiere que trabaja
porque en su casa se necesita, mientras que 25.4% de
los niños arguyen ese motivo.
Las niñas entre los 5 y los 17 años trabajan en el comercio
(36.9%); servicios (31.6%); manufactura (18.2%) y
sector agropecuario (12%). Los niños se concentran en
mayor medida que las niñas en el sector agropecuario,
donde trabaja 37.4% de todos ellos, y en la construcción,
donde participa 8.8 por ciento.
Treinta por ciento de las niñas que trabajan dedican
a esa actividad 35 horas o más a la semana; entre 25 y
34 horas, 8.8%; 17.5%, de 15 a 24 horas y 32% menos
de 15 horas. En el país, 19 millones 307 mil 876 niños
y niñas entre 5 y 17 años cooperan en las tareas de su
hogar: se ocupan del cuidado de otros miembros y/o
colaboran en el mantenimiento de la vivienda: acarrear
agua, lavar o planchar ropa, preparar alimentos, asear la
vivienda o hacer compras.
Cuatro de cada 10 tienen entre 14 y 17 años y los
seis restantes tienen entre 5 y 13 años de edad; 72%
de las niñas realiza trabajo en el hogar, mientras que la
proporción de varones dedicados a estas actividades es
de 60 por ciento.
En el rango de edad de entre 5 y 13 años, el porcentaje
de niñas es de 63.2% y 55.5% para los niños. La
brecha se incrementa en el corchete de 14 a 17 años de
edad en donde la proporción es de 93% en las niñas y
de 69.3% en los niños.
Cuando se refiere a quehaceres del hogar, 78.1% de las
niñas le dedican al menos quince horas; 12.6% de 15 a
24 horas; 4.1% de 25 a 34 horas y 4.2% más de 35 horas.
Las niñas se ocupan en mayor medida que los niños no
sólo de los quehaceres del hogar, sino, además, realizan
paralelamente otras actividades, como el estudio y el trabajo
asalariado.
Esta rápida mirada hacia las niñas y adolescentes
mexicanas nos proporciona algunos elementos de análisis,
pero sobre todo nos alertan sobre lo que podríamos
llamar una discriminación invisible hacia la población
femenina en nuestro país: las diferencias en el registro
de actas de nacimiento, de vacunación y el trabajo doméstico,
son algunos ejemplos.
De la mano de lo anterior está la educación, en donde
no hay diferencias patentes y que a primera vista podríamos
estar hablando hasta de una feminización: las niñas
asisten más y aprenden más que sus pares varones, por lo
menos eso reflejan los indicadores. Sin embargo, cuando
afinamos la miradas, vemos que no podemos decir lo mismo
cuando vemos a las niñas y adolescentes indígenas.
Los indicadores de visiones sobre género y roles nos
llaman sin lugar a dudas a trabajar más en la deconstrucción
desde la primera infancia de estereotipos de género.
Finalmente están lo que podríamos denominar las más
graves y lacerantes violaciones de derechos de las niñas
de nuestro país: la explotación sexual comercial infantil,
la trata y el abuso, son un ejemplo de lo anterior.
* Información tomada de La infancia cuenta en México 2009. Las niñas, México, Derechos Infancia México, A. C., 2009. El
informe completo puede consultarse en <http://infanciacuenta.org/documentos/LaInfanciaCuenta2009web.pdf>, página
consultada el 9 de diciembre de 2009.