La actual administración del Gobierno del Distrito Federal (GDF) se ha propuesto
mejorar la movilidad urbana aumentando la oferta de transporte público.
Los proyectos destinados a crear alternativas a la saturación vial y a mejorar
la calidad del aire se intensifican: ampliación de la red de Metro y Metrobús,
construcción del Tren suburbano y del corredor cero emisiones, sustitución de
taxis y peseros, puesta en marcha del Hoy no Circula Sabatino, limitación de la
circulación de vehículos foráneos y del extranjero, implementación del transporte
escolar obligatorio en escuelas privadas, reubicación laboral de empleados de
gobierno, entre otros.
En contraste con estas acciones, las autoridades siguen asignando una parte importante
de los recursos públicos a obras que buscan “agilizar la circulación vehicular”, como la
construcción de vías rápidas, distribuidores viales, puentes vehiculares, cajones de estacionamiento,
túneles y pasos a desnivel. Así, mientras por un lado se está apostando por
el transporte público, por otro se perpetúan las obras que incentivan el uso del automóvil
y, a largo plazo, agravan el problema de congestionamiento vial. En consecuencia, los
esfuerzos emprendidos para mejorar la movilidad urbana no conducen a ningún cambio
significativo; las diversas iniciativas pierden su potencialidad, dejan de responder a los
intereses colectivos y terminan por perjudicar la calidad de vida de las y los ciudadanos.
Hegemonía del coche
Las políticas orientadas a la ampliación y mejoramiento
de la red vial que se aplican desde el advenimiento de la
ciudad moderna, conllevan a un aumento significativo
del uso del automóvil particular. Entre 1994 y 2007,
los viajes realizados en este medio de transporte se incrementaron
30% en la zona metropolitana del valle de
México (ZMVM).1 A la vez, el tiempo promedio de traslado
aumentó siete minutos, pasando de 46 en 1994, a
53 en 2007. Lo anterior indica que la movilidad no se
ha mejorado durante estos últimos años; al contrario, el
congestionamiento vial ha empeorado, las horas pico se
han extendido y las velocidades se han reducido.
Si bien poseer un auto particular fue sinónimo, en
su momento, de libertad de desplazamiento, rapidez,
flexibilidad y placer, hace tiempo que en la ciudad de
México el automóvil ya no cumple con estas características.
Sin embargo, el desarrollo de una relación simbólica
y afectiva al auto ha llevado a considerarlo un fin en
sí mismo. Por esta razón, aun cuando su uso responde
cada vez menos a una necesidad de transporte y movilidad,
la demanda de este tipo de vehículo es mayor y
va en aumento.
Monopolización del espacio
Cuántas veces hemos escuchado frases como “el Distrito
Federal ha llegado al límite de su capacidad” o “ya
no cabemos en la ciudad”, insinuando que se deberían
tomar medidas para frenar la inmigración, cuando en
realidad las personas no son el problema, sino la forma
en que se planea y ordena el territorio. Si se analizan los
datos que ofrecen las estadísticas, se observa que la densidad
de la población en el Distrito Federal no es tan
dramática como se pretende. Se eleva a 5 896 hab/km2,
por lo que se sitúa tres veces por debajo de la densidad
de París, dos veces por debajo de la densidad de Nueva
York y sólo un poco por encima de la de ciudades como
Madrid y Montreal. La impresión de falta de espacio
en la ciudad de México resulta del excesivo espacio que
ocupa el coche en el medio urbano.
Como ejemplo, está el número de personas que circulan
cada hora por un espacio de 3.5 metros de ancho:
es de 2 000 si viajan en auto, de 14 000 si se transportan en bicicleta y de hasta 22 000 si viajan en transporte
público.2 El área requerida para estacionar un automóvil
es diez veces mayor a la de una bicicleta y su aporte a
la congestión viales veinte veces más elevado,3
Si bien el automóvil aporta aproximadamente 29%
de los viajes en la ZMVM, la parte en infraestructura urbana
destinada a este medio de transporte representa
un porcentaje mucho mayor. Por si fuera poco, es cada
vez más común ver cómo las banquetas y otros espacios
para peatones son utilizados como estacionamientos
temporales. La invasión y monopolización de los espacios
públicos por el automóvil impide la circulación
fluida y segura de las personas, particularmente de las
más vulnerables, y dificulta su acceso a los servicios
ofrecidos por la ciudad.
Costos sociales y ambientales del uso del automóvil
El automóvil causa graves perjuicios a la colectividad e
impacta negativamente sobre la calidad de vida urbana
y las condiciones de vida de las y los ciudadanos. No
representa una opción viable para las ciudades ni es sustentable
en términos energéticos. Tiene efectos negativos
sobre el medio ambiente y sobre la contaminación
atmosférica y sonora. Su masificación ha llevado a un
incremento de las enfermedades respiratorias y, sobre
todo, de la inseguridad vial, vulnerando el derecho a un
medio ambiente seguro y saludable.
El congestionamiento vial cada vez más frecuente
produce estrés en los automovilistas quienes, por desesperación
e impaciencia, buscan ganar tiempo a través
de diferentes estrategias que infringen, por lo general, el
reglamento de tránsito: exceder el límite de velocidad,
pasar los semáforos en rojo, ignorar la prioridad de paso
y los derechos de las y los peatones.
En definitiva, la motorización de las ciudades ha
incrementado significativamente la inseguridad de la
ciudadanía. En México, los accidentes de tránsito son
la primera causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años,
por lo que se han convertido en un problema de salud
pública. No obstante, en un momento donde la seguridad
pública y ciudadana ocupa uno de los primeros
lugares en la agenda política, las autoridades públicas
parecen haber perdido el interés por la seguridad vial.
Derecho a la movilidad y a un transporte eficiente
y seguro
El transporte debe desarrollarse en función de intereses
colectivos y promover la inclusión social de sus habitantes
a través de un acceso equitativo a los diferentes
espacios de la ciudad. El artículo XIII de la Carta
Mundial por el Derecho a la Ciudad4 estipula que el
transporte público y la movilidad urbana constituyen
un derecho que es necesario garantizar a través del uso
de vehículos no contaminantes y el establecimiento deáreas reservadas a los peatones, entre otros puntos.
En 2007, la declaración de Stuttgart5 sobre movilidad
sustentable reconoció esta última como un derecho
universal e indispensable para acceder a otros derechos
básicos como son la salud, el trabajo, la vivienda, la
educación, etcétera.
Se resaltó la idea de una movilidad socialmente equitativa
y respetuosa con el medio ambiente y se señaló la
importancia de cambiar las prácticas sociales relativas al
uso del automóvil. Considerando la movilidad como “el
derecho al libre desplazamiento en condiciones óptimas
de relación entre el medio ambiente, espacio público e
infraestructura”,6 el automóvil ha demostrado que no
es una opción viable de transporte. Por el contrario, la
bicicleta ofrece verdaderos beneficios tanto para la o el
usuario como para la colectividad: favorece la convivencia
urbana, conduce al respeto del patrimonio común,
participa en la disminución de las emisiones de gases
de efecto invernadero, no produce ruido, reduce significativamente
los embotellamientos y accidentes de tráfico,
contribuye a la preservación de la energía, mejora
los tiempos de viaje y las condiciones de accesibilidad,
incrementa la salud, disminuye las desigualdades en
materia de movilidad, permite el disfrute equitativo de
la ciudad, evita las situaciones que favorecen el estrés,
aumenta la calidad del medio ambiente urbano y, por si
fuera poco, ofrece una alternativa a la creciente demanda
de un modo de transporte individual a un bajo costo.
Como bien lo dice el antropólogo francés Marc Augé, la
bicicleta permite unir lo útil con lo agradable.7
Bicitekas, A. C.:
promoviendo ciudades más humanas
Desde Bicitekas, A. C., buscamos incidir en las políticas
públicas así como en la planificación y gestión
territorial, a fin de producir un cambio sustancial en
la movilidad urbana de la ciudad de México y en los
modos de desplazamiento de sus habitantes. Nos esforzamos
por modificar el rostro de la ciudad a través de la
promoción de alternativas de movilidad más eficientes,
viables y equitativas.
Para nosotros, la bicicleta no es un fin, sino una
herramienta para construir una ciudad para todos(as)
logrando el bienestar colectivo a partir de la garantía
de los derechos de las personas. En este sentido, consideramos
que tiene un gran potencial para responder a
los retos que plantea la ciudad de México y que puede
llegar a desempeñar un papel importante en la transformación
del ámbito urbano y en el cambio de hábitos de
las y los ciudadanos.
El GDF ha establecido como meta para 2012 lograr
que 5% de los viajes se hagan en bicicleta. Desde nuestra
perspectiva, para impulsar este medio de transporte y
alcanzar esta meta, es necesario que las políticas públicas
desarrollen una visión integral de la ciudad que incorpore
aspectos de sustentabilidad, accesibilidad e inclusión
social. El presupuesto y la administración de los recursos
públicos deben ser congruentes con estas políticas
públicas. Las acciones gubernamentales se caracterizan
actualmente por una visión fragmentada de la ciudad y
un conjunto de obras aisladas que se limitan a atender
y satisfacer la demanda inmediata.
Fomentar el uso del transporte público desarrollando
la red de transporte colectivo no es suficiente para
transformar a la ciudad. También es indispensable incrementar
la oferta de espacios de descanso y recreación;
construir parques y jardines; implementar más espacios
para los peatones; anchar las banquetas y
reducir el espacio para los coches; en
definitiva, poner en marcha medidas
para que la ciudad se convierta en
un lugar agradable y seguro y
ofrezca a las y los ciudadanos
una vida urbana de calidad.
De otra forma, el derecho
a la ciudad será
ejercido únicamente
por las y los automovilistas.
* Doctora en Cambio Social, con especialidad en Antropología Social por la Universidad de Lille, Francia; encargada de la Coordinación Académica del Observatorio Ciudadano de la Ciudad de México y activista de Bicitekas, A. C., organización que promueve el uso de la bicicleta como medio de transporte, la humanización de la vida urbana y el transporte sustentable.
Notas al pie de página:
1 INEGI,
encuesta Origen-Destino 2007.
2 Botma H. y Papendrecht, Traffic Operation of Bicycle Traffic, tu-Delft, 1991.
3 Bicitekas H. e ITDP, Propuesta de red ciclista para la ciudad de México, México, 2007.
4 Varios, Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad, Quito, Foro Social de las
Américas, 2004.
5 Council of European Municipalities and Regions (ccre), Declaration of Stuttgart, Stuttgart, 2007.
6Ballén Duque, “Derecho a la movilidad, la experiencia de Bogotá” en Prolegómenos:
Derechos y Valores, núm. 20, Bogotá, 2007, pp. 169-181.
7 Marc Augé, Elogio de la bicicleta, Barcelona, Gedisa, 2009.