Opinión y debate
Elena Reynaga*
Trabajo sexual
y derechos humanos**
La XVII Conferencia Internacional sobre el Sida 2008 abordó por primera vez los
temas de derechos humanos vinculados con la salud sexual y reproductiva; por
vez primera la voz de los y las trabajadoras sexuales se escuchó en este foro, no
sólo en las actividades no oficiales, sino en el programa de conferencias plenarias.
Ahí, Elena Reynaga, trabajadora sexual y activista argentina habló sobre su
trabajo, sobre su vulnerabilidad ante el vih/sida y, sobre todo, sobre sus derechos
humanos. Habló a nombre de quienes han elegido el trabajo sexual para
subsistir y pidió que se les trate como eso, como trabajadoras y trabajadores, sin
discriminación. A continuación, publicamos las palabras que Elena Reynaga
pronunció en esta presentación plenaria.
Antes que nada queremos decir que consideramos un gran logro que, por primera vez
en una conferencia internacional sobre el sida se realice una sesión plenaria sobre trabajo
sexual. Mi presentación no es científica. Vamos a analizar algunos datos, pero sobre todo
hablaré desde quien soy: activista trabajadora sexual. Es a partir de organizarnos que las
trabajadoras sexuales logramos construir respuestas efectivas a la epidemia del VIH/sida.
Para comprender estos avances es fundamental aceptar que hay una relación importante
entre los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, la pobreza y la prevalencia
del vih. Vamos a poner un ejemplo: en la India hay una ciudad, Kalkata, donde existe un
movimiento fuerte de trabajadoras sexuales: una organización conocida como el proyecto Sonagachi. Sonagachi es la zona roja de la ciudad.
En 1992 apenas 1% de las trabajadoras sexuales usaba
condón, en 1998 lo usaba ya 90%. ¿Cuáles fueron las
acciones de la organización para alcanzar estos resultados?
La lucha por la salud basada en el reconocimiento
del trabajo sexual como trabajo y por el respeto de los
derechos humanos de las trabajadoras sexuales. Hoy en
Sonagachi la tasa de vih se estabilizó en 5.17%, mientras
en otras ciudades de India, como Mumbai, la prevalencia
en trabajadoras del sexo es de 54 por ciento.
|
PARA REDUCIR LA EXPOSICIÓN AL VIH NECESITAMOS LOGRAR QUE SE RESPETEN LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS TRABAJADORAS Y TRABAJADORES SEXUALES Y PERSONAS TRANSGÉNEROS A LAS QUE MUCHAS VECES SE NOS NIEGA EL ACCESO A LA SALUD , A LOS DERECHOS HUMANOS E , INCLUSO , A LA PROPIA EXISTENCIA. SIN EMBARGO, EXISTIMOS. |
|
Para reducir la exposición al vih necesitamos lograr que
se respeten los derechos humanos de las trabajadoras y
trabajadores sexuales y personas transgéneros a las que
muchas veces se nos niega el acceso a la salud, a los
derechos humanos e, incluso, a la propia existencia. Sin
embargo, existimos y tuvimos grandes logros en esta
lucha:
• Logramos bajar la prevalencia del VIH en trabajadoras
sexuales en algunos países.
• Conseguimos derogar en algunos lugares legislaciones
que nos criminalizan.
• Hicimos la Consulta Mundial de Trabajo Sexual y la
Consulta Regional Latinoamericana y de El Caribe
en Trabajo Sexual y VIH/sida.
• Estamos haciendo Consultas Nacionales de Trabajo
Sexual y VIH/sida en la región latinoamericana.
• Logramos llegar a las Naciones Unidas en varias
oportunidades.
• Y también en algunos países estamos dentro de los
Mecanismos Coordinador País (MCP).1
• Debatimos los criterios de la Guía para trabajadoras
sexuales elaborada por Onusida que tenía definiciones
estigmatizantes y propusimos alternativas.
Estar hoy acá es un logro; nos invitaron porque
hicimos cambios reales y concretos en el tema de la
epidemia. Si pudimos hacer todo esto, ¿cómo puede
ser que todavía no los convencemos de que no es una
cuestión de repartir condones, sino que la respuesta al
VIH incluye a todas las áreas del gobierno? No es que
las trabajadoras sexuales seamos vulnerables ante la epidemia.
En realidad, nos convierten en un grupo más
vulnerable con políticas que nos reprimen de distintas
maneras.
Un ejemplo actual de esta violencia es la situación
en Camboya, donde las políticas antiprostitución aprobadas
por presión de los Estados Unidos hacen que se
detenga a las trabajadoras sexuales bajo el argumento
de que son víctimas de trata. Para supuestamente protegerlas
las mantienen en cautiverio en centros donde
son violadas por los guardias de seguridad y sólo salen
en libertad tras pagar importantes sumas de dinero.
El doble estigma contra el trabajo sexual y el VIH se
usa en muchos lugares para justificar la represión policial.
En Zambia, por ejemplo, las trabajadoras sexuales
son azotadas públicamente por la policía mientras les
gritan: “perra que matas la nación” o “veneno de rata”.
La violencia de las fuerzas de seguridad es un riesgo directo
de transmisión del VIH para las mujeres, personas
trans y hombres trabajadores del sexo. Por ejemplo, entre
febrero y abril de 2007 en Congo el grupo ALCIS2 registra
29 casos de violencia sexual por militares y policías
contra trabajadoras sexuales, incluyendo violaciones,
secuestros y torturas. Después de esos ataques, muchas
mujeres recibieron diagnósticos de VIH positivo.
Esta violencia estatal es consecuencia directa del no
reconocimiento del trabajo sexual como trabajo. La
falta de protección jurídica permite y hasta incentiva
la violencia hacia las trabajadoras sexuales. En la Red
de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y El Caribe
contabilizamos 34 mujeres trabajadoras sexuales asesinadas
en los últimos 10 meses en América Latina. Y el
ciento por ciento de los crímenes continúa impune.
A veces quienes atentan contra nuestros derechos
son las políticas de salud cuando nos obligan a hacernos
el test en forma compulsiva y no respetan la confidencialidad.
Hace muy poco, la Red de Trabajadoras
Sexuales de Ecuador logró reemplazar la libreta sanitaria
por un carnet de salud Integral, que es igual al que
lleva cualquier otra mujer para atenderse. Siempre somos las organizaciones de trabajadoras sexuales las que
logramos políticas públicas que favorezcan a nuestro
sector.
Hay otras formas más sutiles de ejercer violencia
sobre las trabajadoras del sexo: cuando nos usan como
mano de obra de investigaciones de las que nunca
conocemos los resultados. Conocer los resultados de
los estudios es fundamental para proponer políticas
públicas basadas en datos sólidos.
Finalmente, denunciamos que el primero en discriminar
es el Estado cuando rechaza otorgarnos la personalidad
jurídica como organizaciones de trabajadoras
sexuales. Esto pasa en todo el mundo, siempre con el
mismo argumento: dicen que “una organización de
trabajadoras sexuales no es un aporte al bien común”.
¿Qué piensan ustedes? ¿Realmente todo esto que contamos
acá es poco aporte al bien común?
|
EL PRIMERO EN DISCRIMINAR ES EL ESTADO CUANDO RECHAZA OTORGARNOS LA PERSONALIDAD JURÍDICA COMO ORGANIZACIONES DE TRABAJADORAS SEXUALES.
|
|
Ahora queremos preguntarnos: ¿qué pasa con el financiamiento
para vih en trabajadoras sexuales?, ¿se
ocupa de estos temas? Tenemos que decir que, lamentablemente,
muy poco. En realidad, en este momento
hay más recursos, el problema es que están mal distribuidos.
En primer lugar se financia sin conocer las necesidades
reales de las poblaciones. En muchas partes del
mundo, las trabajadoras sexuales todavía no podemos
conseguir lo básico: suficientes condones. En algunos
países de África y América Latina, directamente no se
distribuyen lubricantes a base de agua, entonces se usan
vaselina o aceite que dañan el condón.
Algunas agencias de cooperación nos imponen
condiciones que no toman en cuenta nuestra realidad.¿Les parece a ustedes que una trabajadora sexual pueda
usar el ABC como prevención del VIH? ¡Atenta directamente
contra nuestro trabajo! La única de las letras que
tiene evidencia de reducir la epidemia es la C: el uso del
condón en todas las relaciones sexuales.
Si las agencias están preocupadas realmente en
apoyar a las trabajadoras sexuales no deberían imponernos
su agenda ni su ideología. Las agencias de Naciones
Unidas no deberían elaborar políticas ni guías sin nuestra
participación. Por ejemplo, el último año trabajadoras
sexuales de todo el mundo planteamos a Onusida
que modifique el borrador de la Guía para trabajar con
trabajadoras sexuales y sus tres pilares.3 El énfasis antiprostitución
de esa guía era un cambio enorme en las
políticas de Onusida de 2002 y 2004, producto del
lobby de los gobiernos más conservadores.
Voy a dar sólo dos ejemplos: la guía hablaba de promover
que cambiemos nuestra actividad por trabajo decente,
como si el trabajo sexual fuera menos decente que
otras actividades. Y planteaba también que una mujer
que vive con VIH no puede ejercer el trabajo sexual.
Con ese criterio, entonces, las personas que viven con
VIH no deberían mantener relaciones sexuales. El problema
no son las relaciones sexuales, el problema es no
usar condón. Si Naciones Unidas sigue en este camino
será responsable de muchas muertes de trabajadoras y
trabajadores sexuales que no recibieron atención basada
en el respeto a los derechos humanos a causa de los
prejuicios de un puñado de poderosos.
En primer lugar, para que los recursos sean efectivos
deben ser adecuados a la realidad de la población a la
que dicen apoyar. Cuando los fondos van únicamente
a condones y no hablan de derechos no sirven para
prevenir el vih. En muchos países, ni siquiera tenemos
derecho a llevar condones. La policía se los quita a
nuestras compañeras porque los considera una prueba
de prostitución. En otros lugares, las trabajadoras sexuales
somos detenidas hasta tres meses. Las compañeras
que viven con VIH se ven obligadas a interrumpir el
tratamiento.
Muchas veces, la opción para no ir a la cárcel es dejarse
violar por los policías: casi siempre sin condón,
por supuesto. En segundo lugar los recursos destinados
a las poblaciones más expuestas al VIH son insuficientes.
Lo que estoy diciendo, y lo afirma el Informe mundial 2006 de Onusida, es que “los recursos destinados a prevención,
tratamiento y atención del VIH no son proporcionales
a la prevalencia del vih en las poblaciones más
expuestas”.4 Según un artículo publicado en la revista Salud y derechos humanos5 solo 22% de las trabajadoras
sexuales de África y 35% en América Latina y El Caribe
tienen acceso a programas de prevención. Vamos a
poner un ejemplo: en República Dominicana, la prevalencia en población adulta general para el año 2005
era de 1.1 por ciento. Mientras tanto, la prevalencia en
trabajadoras sexuales era de 3.6%.6 Sin embargo, de los
48 millones de dólares invertidos por el Fondo Global
en República Dominicana, apenas 20 mil dólares se
dedican a las trabajadoras sexuales de Movimiento de
Mujeres Unidas (Modemu), organización de base de trabajadoras
sexuales con alcance nacional.
La mayoría de las veces esos recursos no están administrados
por las organizaciones de base de trabajadoras
sexuales. El cambio real se logra con políticas públicas
que sólo van a hacerse si las organizaciones las impulsamos.
Y para impulsarlas necesitamos ser organizaciones
de base fuertes, para estar en los espacios donde se
toman las decisiones. Cuando los fondos no son para
apoyar organizaciones de base el dinero esta mal invertido,
con poca sustentabilidad en el tiempo. Voy a dar
un ejemplo de dinero mal invertido: todas las agencias
han apoyado a Honduras. Sin embargo, no se logra
construir una organización de base fuerte. Honduras es
un país pequeño y muy pobre. La prevalencia del VIH
en trabajadoras sexuales era de 9.7% en 2005, una de
las más altas de Centroamérica. Honduras es la prueba
de que buscar algunas compañeras para que realicen
prevención entre pares no es suficiente. Lo que hace
falta es darnos las herramientas para que las mismas
trabajadoras sexuales nos sentemos con los gobiernos a
discutir las políticas públicas que necesitamos.
En tercer lugar una parte importante del dinero se
va en gastos de tercerización porque muchas agencias se
niegan a depositar el dinero directamente en las organizaciones
de base. La mayoría no tuvimos la oportunidad
de ir a la escuela pero, sí pudimos lograr que se modifiquen
leyes que nos criminalizan y pararnos delante de
todos los que quieren mantenernos en la ignorancia,¿cómo no vamos a poder administrar nuestras propias
organizaciones?
Es hora de que empiecen a confiar en nosotras. Tercerizar
la cooperación es una política que atenta contra la
autonomía de las organizaciones de trabajadoras sexuales
Las evidencias muestran que las mejores respuestas
al VIH las construimos las organizaciones. Nuestros
programas combinan prevención entre pares con promoción de los derechos humanos de las trabajadoras
sexuales. Al mismo tiempo que luchamos para eliminar
las leyes que mantienen en la clandestinidad, en
alcance a pares las organizaciones somos expertas: en El
Salvador, Orquídeas del Mar llegó a 2 mil trabajadoras
sexuales el último año. Ecuador alcanzó más de 8 mil y
en Argentina llegamos a 9 mil trabajadoras sexuales.
Un ejemplo exitoso es la experiencia de la Red
Brasileña de Prostitutas, que lograron involucrarse directamente
en una política pública: el programa Sin
vergüeza, Garota. Vos tenés profesión. Esto lo combinaron
con la inclusión de la prostitución en la categoría
de profesiones del Ministerio de Trabajo de Brasil. Y
además llevaron la lucha hasta el parlamento para sancionar
una ley que elimine toda persecución a las trabajadoras
sexuales. Es decir, las respuestas más efectivas se
logran donde el trabajo sexual es reconocido como trabajo
y donde las organizaciones de trabajadoras sexuales
manejamos nuestros propios recursos.
Sin embargo, este éxito parece convertirse en nuestra
condena. En América del Sur es probable que disminuyan
los recursos, porque el Fondo Mundial ha
decidido que sólo habrá financiamiento para las poblaciones
con prevalencias superiores a 5 por ciento. Es
una gran contradicción, porque el terreno que se ganó
se puede perder rápidamente si se deja de lado el trabajo
que se hizo todos estos años.
Y para terminar, hoy que hemos logrado estar paradas
ante el mundo entero queremos decirles: las trabajadoras
sexuales no agachamos más la cabeza. Algunos
dicen que ejercer el trabajo sexual no es digno. Nosotras
les decimos: indignas son las condiciones en que trabajamos.
No hay ninguna evidencia científica de que
los programas llamados “de rehabilitación del trabajo
sexual” sirvan para frenar el VIH. ¿Cómo puede ser entonces
que recursos para la prevención del VIH vayan a
parar a estos programas?, mientras tanto, según cifras
de Onusida, una de cada tres trabajadoras del sexo no
recibe los servicios de prevención o de tratamiento del
VIH. Las trabajadoras y trabajadores del sexo están muriendo
por falta de servicios de salud, por falta de condones,
por falta de tratamiento, por falta de derechos,¡no por falta de máquinas de coser!
Notas al pie de páginas:
1.- Un MCP es un grupo de individuos representando una amplia gama de sectores
de un país, que se juntan para evaluar las necesidades de la nación en
torno al sida, la tuberculosis y la malaria, o cualquier combinación de estas
tres enfermedades.
2.- Action pour la Lutte Contre l’Ignorance du Sida (ALCIS), grupo portugués de activistas sobre tratamientos de VIH/sida.
3.- En inglés: UNAIDS Guidance Note on HIV and sex work.
4.- Informe sobre la epidemia mundial de Sida 2006, Onusida, 2006.
5.- Susana T. Friend y Shannon Kowaiski-Morton, “Sex and the global fund: how sex workers, lesbian, gays, bisexuals, transgender people, and men who have sex with men are benefiting from the global found, or not”. Health and Human Rights, vol. 10, núm. 1, véase: <www.hhrjournal.org>.
6.- Datos tomados del Informe sobre la epidemia mundial de sida 2006, Onusida,
2006. |